"Acercar" no es lo mismo que repatriar
es un artículo de Iker Gallastegi. Publicado en GARA el 23 de septiembre de 1999.
Iker Gallastegi
Proclamar a bombo y platillo que es un acercamiento a Euskal Herria el trasladar presos vascos, de donde sea, a cárceles en Albacete, Avila, Badajoz, Cáceres, Castellón, Córdoba, Cuenca, Daroca, Guadalajara, Jaén, León, Lugo, Ourense, Salamanca, Teruel, Valencia, Valladolid, Vigo o Villabona (Asturies), todas ellas distanciadas más de 300 y hasta 800 y pico kilómetros de Donostia, supone un eufemismo macabro y cruel, además de una arrogante afrenta al pueblo vasco. 49 de los 105 presos vascos "acercados" lo han sido a esas lejanas cárceles.
El acercarles a cárceles que distan menos de 300 kilómetros de Donostia, como lo han hecho con otros 28 presos vascos, trasladándolos a las de Burgos, Logroño, Palencia, Santander, Soria o Zaragoza, no es más que malinterpretar y trastocar con intención de engañar lo que la ley indica, pues en estas cárceles siguen estando tan completamente alejados de "su entorno familiar, cultural y social" como en las cárceles anteriormente mencionadas.
Utilizar las palabras "acercar" y "acercamiento", en el caso concreto de los presos vascos, no hace más que confundir y difundir conceptos erróneos. No se trata, aunque ello suponga algún alivio de las penalidades que se están infligiendo a los familiares, de acortar en kilómetros la distancia a la que están encarcelados nuestros gudaris, sino de que estén en "su entorno familiar, cultural y social", es decir, que estén en cárceles en Euskal Herria. Eliminemos pues radicalmente estas palabras de nuestro léxico al referirnos a los derechos de nuestros presos y utilicemos con preferencia las palabras "repatriar" y "repatriación", pues son las únicas que se ajustan al espíritu anunciado en la propia ley penitenciaria española.
En este tan publicitado "acercamiento" de 105 presos vascos sólo se ha cumplido la ley, es decir, sólo han sido repatriados, 28 presos: 27 a Euskal Herria y otro a Barcelona, por ser catalán. Además, cabe apuntar, según palabras del propio ministro del Interior del Gobierno español, que los repatriados a cárceles en Euskal Herria lo han sido como reemplazamientos de los que habían sido desplazados de ellas en los últimos años.
Si la errónea utilización de palabra puede inducirnos, inconscientemente quizás, a confundir "acercamiento" con que los presos estén "en su entorno familiar, cultural y social", por lo que debemos utilizarlas, lo que ya es inadmisible es que el mero cumplimiento de la ley, tan mínimamente realizado con 28 repatriaciones, incite a personalidades políticas y periodísticas, al unísono con Mayor Oreja, y "puesto que el Gobierno ya ha movido ficha", a exigir contrapartidas a ETA.
A pesar de que el citado ministro español haya amenazado con la reversibilidad de estos "acercamientos" (tan falso y ridículo es el asunto que 8 de los presos han sido "acercados" a cárceles más distantes), debe quedar bien claro que ni siquiera la repatriación a cárceles en Euskal Herria de todos los presos vascos debe obligar a contrapartida ni contemplar compensación alguna. El cumplimiento de la ley y el enmendar una injusticia de ninguna manera merita recompensa alguna del agraviado.
Sin duda, ello crearía mejor ambiente y condiciones más propicias para solucionar el conflicto político que tradicionalmente nos enfrenta, pero el hecho en sí, o sea, el acatamiento de la legislación penitenciaria vigente, el respeto de los derechos de los presos y sus fa- miliares y la observancia de los derechos humanos internacionalmente reconocidos, no puede ser moneda de truque ni objeto de regateo político alguno.
Sólo un chantajista puede contemplar una tal eventualidad.
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